En octubre de 1977, en plena dictadura militar argentina, un grupo de mujeres comenzó a organizarse para localizar a sus nietos desaparecidos y encontrar a los hijos de sus hijos detenidos o asesinados. Así nació Abuelas de Plaza de Mayo, una organización que transformó el dolor familiar en una búsqueda colectiva por la identidad y la justicia.
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De amas de casa a investigadoras de la dictadura
Muchas eran mujeres sin trayectoria militante. Frente a la falta de respuestas oficiales, aprendieron a reunir información, seguir pistas y buscar datos en juzgados de menores, orfanatos y oficinas públicas. La investigación se convirtió en una tarea cotidiana frente a un régimen que perseguía y ocultaba información sobre sus víctimas.
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Las estrategias que convirtieron la búsqueda en una causa internacional
Las Abuelas no limitaron sus esfuerzos a las instituciones argentinas. También denunciaron las desapariciones fuera del país y buscaron apoyo internacional para visibilizar la apropiación de niños durante la dictadura.
Con el tiempo, su trabajo incorporó herramientas científicas para demostrar vínculos familiares e impulsar la restitución de identidades. La genética se convirtió en una pieza fundamental de esa lucha.
La organización estima que alrededor de 500 niños fueron apropiados durante la dictadura. Su trabajo permitió transformar casos individuales en una causa de derechos humanos con alcance internacional.
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