Corría el siglo XIV cuando la nobleza francesa ejecutó por traición a Olivier de Clisson. Sin embargo, no previeron la furia de su viuda, Jeanne de Clisson. Llena de ira y dolor, la mujer vendió sus tierras, joyas y propiedades para financiar una sangrienta venganza que aterrorizaría a toda una nación.
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La flota negra y la orden de no dejar supervivientes
Jeanne compró tres buques de guerra, los pintó completamente de negro y desplegó velas rojas. Así nació la ‘Flota Negra’. Durante más de una década, la ‘Leona de Bretaña’ patrulló el Canal de la Mancha persiguiendo barcos del rey francés.
Su modus operandi era despiadado: masacraba a la tripulación entera y decapitaba personalmente a los nobles a bordo. Únicamente dejaba a un par de marineros vivos para que llevaran el aterrador mensaje al monarca. Su leyenda pirata duró años, convirtiéndola en una de las figuras más temidas de la historia medieval.
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