Durante el Día de Muertos, las familias mexicanas preparan ofrendas con fotografías, flores de cempasúchil, alimentos, agua y veladoras para honrar a sus difuntos. Sin embargo, existe una costumbre que busca incluir a quienes no tienen un altar dedicado especialmente a ellos.
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Se trata de colocar una vela blanca para las almas desconocidas u olvidadas, un gesto que simboliza solidaridad, hospitalidad y respeto hacia aquellos difuntos que, de acuerdo con las creencias populares, ya no cuentan con alguien que los recuerde.
El color blanco se relaciona con la pureza y la paz, mientras que la luz de la vela representa una guía simbólica para las ánimas durante su regreso al mundo de los vivos.
¿Qué otros elementos acompañan la ofrenda?
En algunas comunidades, las veladoras se acomodan en forma de cruz para representar los cuatro puntos cardinales. Además, el copal y el incienso forman parte de las tradiciones, pues se asocian con la purificación del ambiente y la bienvenida a los difuntos.
Aunque las costumbres varían entre regiones y familias, la vela blanca destaca por el mensaje que transmite: ofrecer un lugar simbólico en la ofrenda a las almas que podrían haber quedado en el olvido.