En México cada 24 de junio, el Día de San Juan, está marcado como la fecha en la que el cielo, casi por decreto divino o de la naturaleza, siempre “llora”.
Lejos del mito, este fenómeno tiene una sólida explicación científica. El Día de San Juan coincide plenamente con el inicio oficial de la temporada de lluvias y ciclones tropicales en el territorio mexicano.
Durante esta época, el ingreso de humedad desde el Océano Pacífico y el Golfo de México, sumado a las altas temperaturas, genera las condiciones para el desarrollo de tormentas vespertinas y nocturnas.
Históricamente, para las culturas agrícolas, este “llanto” celestial no era motivo de tristeza, sino de celebración, ya que marcaba el éxito de las siembras. Así, cada 24 de junio, los mexicanos miran al cielo con la certeza de que, tarde o temprano, San Juan cumplirá la promesa de limpiar la tierra con sus místicas lágrimas de lluvia.
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