Detrás del éxito global como el Profesor X en X-Men o el capitán Jean-Luc Picard en Star Trek, la vida personal de Patrick Stewart estuvo marcada por pasajes dolorosos y un constante sentimiento de culpa.
Tras su fallecimiento a los 86 años a causa de complicaciones de Alzheimer y demencia con cuerpos de Lewy, sale a la luz la faceta más vulnerable del icónico actor británico.
El gran arrepentimiento con sus hijos y sus adicciones
Su mayor arrepentimiento estuvo ligado a la paternidad. Tras casarse en 1966 con Sheila Falconer y procrear a sus dos hijos, Daniel y Sophie, la pareja se divorció en 1990. Stewart confesó en sus memorias que su obsesión por el trabajo provocó que el vínculo con sus descendientes fuera prácticamente inexistente, calificando esa distancia como un vacío triste y permanente.
Las rupturas matrimoniales representaron su mayor frustración personal. Tras su separación de Falconer, su segundo matrimonio con la productora Wendy Neuss duró apenas tres años, periodo tras el cual el actor enfrentó etapas oscuras vinculadas al alcoholismo y la adicción a fármacos, logrando recuperarse gracias a un proceso terapéutico.
Su último gran amor y el refugio en sus nietos
La estabilidad emocional llegó en 2008 tras conocer a la cantante Sunny Ozell en Nueva York. La pareja contrajo matrimonio en 2013 en una ceremonia oficiada por su gran amigo Ian McKellen.
Aunque el dolor por la lejanía con sus hijos jamás desapareció por completo, el histrión británico encontró consuelo y paz en la convivencia con sus cuatro nietos durante sus últimos años de vida.
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