No hay nada más tapatío que una torta ahogada, pero lo que realmente la distingue no son las carnitas ni la salsa, sino el birote salado. Este pan, inigualable e irreemplazable, tiene un origen incierto entre la influencia francesa y la tradición de los hornos locales. Su preparación requiere un fermento llamado “pata” o “pie del salado” y un reposo de hasta siete horas, sin levadura. Además, su dorado característico solo se logra gracias a la humedad y temperatura de Guadalajara. Según el INEGI, el precio del bolillo salado ha aumentado 47% en siete meses, pasando de $1.70 a $2.50 por pieza. Cada birote aporta 183 calorías, 5.7 g de proteína y 39 g de carbohidratos, equivalente a tres tortillas. Hacerlo es todo un arte que enriquece la gastronomía tapatía.
Con información de: Gustavo Cárdenas.
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