Las denuncias de tortura marcaron la marcha del sábado, donde jóvenes afirmaron haber sido detenidos con engaños, golpeados y sometidos a abuso extremo. Daniela salió del reclusorio norte con heridas, puntadas y lesiones en tobillo y costillas tras ser llevada por policías que le prometieron seguridad. Gabriel describió una fila de oficiales que lo golpearon con saña sin explicación. Aunque ambos quedaron en libertad, otros siguen enfrentando cargos como robo o tentativa de homicidio, mientras su defensa asegura que se ignoró el protocolo de Estambul que prohíbe tortura y penas degradantes. Para las víctimas, salir a exigir justicia los convirtió en objetivos de un régimen que no enfrenta al crimen organizado pero sí criminaliza la protesta juvenil.
Con información de: Armando Martínez, Óscar Mendoza
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