Elegir entre una ducha de noche o por la mañana no depende de una regla universal, sino de las necesidades de cada persona, su tipo de piel, cuánto transpira y las actividades que realiza durante el día.
Los dermatólogos explican que ambas opciones ofrecen beneficios: bañarse por la noche ayuda a retirar el sudor, el protector solar, la contaminación, los aceites y los alérgenos acumulados, además de evitar que estos residuos lleguen a las sábanas. En cambio, la ducha matutina elimina la transpiración y las bacterias generadas durante el sueño, proporciona una sensación de activación y puede ser más conveniente para quienes tienen el cuero cabelludo o la piel grasa.
El tipo de piel también puede orientar la decisión
Las personas con piel seca o sensible podrían beneficiarse de bañarse por la noche y aplicar inmediatamente productos hidratantes, ya que durante el descanso la piel entra en un proceso de reparación. Para quienes presentan exceso de grasa, brillo o tendencia al acné, una ducha por la mañana puede ayudar a retirar el sebo acumulado durante la noche. En climas cálidos o húmedos, algunas personas pueden necesitar bañarse dos veces al día, procurando no irritar ni resecar la piel.
El ejercicio es otro factor importante:
los especialistas recomiendan ducharse después de entrenar, sin importar el horario, porque mantener el sudor sobre la piel puede favorecer la aparición de acné, foliculitis e infecciones.
Más allá de la hora, aconsejan que las duchas duren entre cinco y diez minutos, utilizar agua tibia en lugar de muy caliente y aplicar una crema humectante al terminar. En conclusión, el mejor horario es el que se adapte a la rutina personal y permita mantener una higiene constante sin descuidar la barrera natural de la piel.
Con información de Dara Vargas.
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