El acné es una afección dermatológica común que suele estar rodeada de ideas equivocadas sobre su origen y tratamiento. La aparición de imperfecciones responde a una combinación de factores que incluyen la predisposición genética, los hábitos de alimentación y las fluctuaciones hormonales —elementos que determinan la respuesta cutánea en cada persona—, según informó la dermatóloga Patricia Herrera.
A diferencia de la creencia popular que encasilla este problema como una etapa exclusiva de la adolescencia, la especialista aclaró que los brotes pueden manifestarse o persistir durante la edad adulta.
El impacto del estrés y los errores más comunes
Dentro de los desencadenantes más frecuentes, el estrés juega un papel directo al estimular una mayor producción de grasa en los poros. Asimismo, la especialista advirtió sobre las consecuencias negativas de exprimir las lesiones, una práctica habitual que facilita el ingreso de bacterias a la dermis.
Manipular los granos incrementa el nivel de inflamación en la zona afectada y eleva considerablemente el riesgo de desarrollar hiperpigmentación o cicatrices permanentes, por lo que se recomienda priorizar el uso de tratamientos tópicos guiados por un profesional.
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