Pasar muchas horas en el celular, jugar videojuegos o utilizar redes sociales no significa automáticamente que un adolescente tenga una adicción.
La psicóloga Yonoen Gallegos explicó que una de las principales señales de alerta es la pérdida de control, es decir, cuando el joven intenta reducir o detener una conducta y no puede hacerlo, incluso cuando ya existen consecuencias negativas.
Otros cambios que pueden llamar la atención son alteraciones marcadas en el sueño, bajo desempeño escolar, aislamiento, abandono de actividades, dificultades en la convivencia, cambios en el estado de ánimo, mentiras u ocultamiento de la conducta.
La especialista señaló que estas conductas no siempre comienzan por la búsqueda de placer, sino que también pueden aparecer como una forma de evitar emociones desagradables o incómodas.
Durante la adolescencia, áreas del cerebro relacionadas con el juicio y el autocontrol continúan en desarrollo, por lo que existe una mayor sensibilidad a experiencias de gratificación inmediata.
Sin embargo, factores como la impulsividad, conflictos familiares o presión social no significan por sí mismos que se desarrollará una adicción.
La recomendación para los padres es observar cambios importantes, mantener una comunicación sin descalificaciones, establecer límites y buscar apoyo profesional cuando la conducta persista o comience a afectar distintas áreas de la vida del adolescente.
Con información de Mariana Quirarte.
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