Desde los 10 años, Antonio Torres Aceves aprendió junto a su padre el oficio de zapatero y desde entonces ha dedicado gran parte de su vida a reparar zapatos.
Sin embargo, nunca imaginó que llegaría el momento de enfrentar una enfermedad que ya había golpeado a su familia: dos de sus hermanas padecieron cáncer y una de ellas perdió la vida.
Antonio comenzó a preocuparse cuando, al tocarse el pecho, detectó una bolita, además de notar que el pezón estaba hundido y enrojecido. Aquellas señales lo llevaron a recibir un diagnóstico de cáncer de mama, una enfermedad que, aunque representa menos del 1% de los casos, también puede presentarse en hombres.
El diagnóstico tuvo un fuerte impacto para Antonio y su familia. Su mayor temor, asegura, no era morir, sino no poder ver crecer a su hijo.
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Antes de someterse a la cirugía, incluso se despidió de su pecho y agradeció los 54 años que había formado parte de su vida.
Tras el procedimiento, continuó con su recuperación y actualmente permanece bajo vigilancia médica. Aunque uno de sus brazos ya no tiene la misma fuerza y reconoce que enfrenta días difíciles, continúa trabajando en su taller y agradece la oportunidad de seguir junto a su esposa y su hijo.
La experiencia de Antonio se ha convertido también en un mensaje para recordar que el cáncer de mama no es exclusivo de las mujeres y que los hombres deben mantenerse atentos ante cualquier cambio en su cuerpo, como la presencia de una bolita o modificaciones en el pezón.
Hoy, entre zapatos y herramientas, Antonio continúa con su oficio y con una historia marcada por las cicatrices de la enfermedad, pero también por la posibilidad de seguir acompañando a su familia.
Con información de Becky Reynoso.
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