Los canales de Xochimilco son conocidos por sus trajineras, chinampas y su particular ecosistema, pero hubo una época en la que sus aguas también fueron recorridas por unos visitantes bastante inesperados: manatíes.
La historia ocurrió durante la década de 1970, cuando el lirio acuático se había convertido en un problema para los canales, al grado de dificultar la navegación y afectar el equilibrio del ecosistema.
¿Por qué llevaron manatíes a Xochimilco?
En 1974, cuatro manatíes provenientes del río Grijalva, en Chiapas, fueron trasladados a Xochimilco como parte de un intento por controlar la proliferación de plantas acuáticas. La idea era aprovechar que estos grandes mamíferos son herbívoros y podían consumir grandes cantidades de vegetación.
Sin embargo, el experimento terminó convirtiéndose en una historia poco conocida de la capital mexicana.
La llegada de los animales no fue comunicada ampliamente a los habitantes de la zona y, al comenzar a aparecer enormes siluetas bajo el agua, algunas personas llegaron a pensar que se trataba de monstruos acuáticos. Con el tiempo surgieron relatos y leyendas sobre extrañas criaturas que habitaban los canales.
El proyecto no tuvo el resultado esperado y los manatíes murieron. Algunas fuentes señalan que fueron cuatro ejemplares, mientras que otras versiones hablan de un número mucho mayor, por lo que la cifra de 28 no está tan sólidamente documentada como la de los cuatro animales trasladados desde Chiapas.
Hoy, imaginar a un manatí nadando entre trajineras puede parecer una escena de película, pero sí ocurrió hace menos de 60 años.
La historia también dejó una lección sobre los riesgos de introducir especies en ecosistemas que no son los suyos: una solución pensada para combatir un problema ambiental terminó provocando consecuencias inesperadas.
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