La romería es un espacio de fe, pero para Manuel representa una segunda oportunidad de vida. Lo que comenzó como una dura prueba de salud hace una década, hoy se ha transformado en un testimonio de agradecimiento que se comparte en familia.
Hace aproximadamente diez años, Manuel enfrentó uno de los episodios más complejos de su existencia. Una gripe que no recibió atención médica a tiempo se complicó severamente, poniéndolo en un estado de gravedad. Tras superar esta dura prueba, su perspectiva sobre la romería cambió por completo, convirtiendo esta festividad en un símbolo de profunda gratitud.
Como parte de sus primeras acciones de agradecimiento, un año después de su enfermedad llevó churros a un hospital. Posteriormente, durante seis años continuó asistiendo a la romería como peregrino antes de establecerse formalmente en el lugar.














