La pérdida de un animal de compañía deja un vacío profundo en los hogares, pero también abre paso a tradiciones llenas de afecto. Cada 27 de octubre, diversas familias encuentran en la creación de altares una manera de mantener vivo el recuerdo de aquellos seres que, aunque ya no están físicamente, siguen ocupando un lugar indispensable en el núcleo familiar.
A través de fotografías, objetos significativos y sus alimentos preferidos, se construye un espacio de reencuentro y memoria.














