La incertidumbre de no saber dónde se encuentra un ser querido es una de las realidades más difíciles que puede afrontar una familia, en una espera que puede prolongarse por días, meses o incluso años. Sin embargo, la ciencia forense se ha convertido en un recurso clave para transformar esa dolorosa incertidumbre en respuestas definitivas.
Cuando se busca a una persona no localizada, la entrega de una muestra de ADN al Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses es un paso fundamental. Una vez que se recaba dicha muestra, es trasladada a la sede central de la institución para ser procesada en el laboratorio de genética, con el objetivo de obtener un perfil genético específico.
Posteriormente, este perfil obtenido se confronta y compara con los registros de las personas fallecidas que el instituto tiene bajo su resguardo, buscando determinar si existe alguna coincidencia genética.