Desde los 10 años, Antonio Torres Aceves aprendió de su padre el oficio de reparar calzado. Sus manos han devuelto la vida a cientos de zapatos, pero nunca imaginó que tendría que luchar por salvar su propia salud ante una enfermedad que erróneamente se asocia solo con las mujeres. Aunque el cáncer ya había golpeado a su familia —afectando a dos de sus hermanas y cobrándose la vida de una de ellas—, la posibilidad de desarrollar cáncer de mama parecía algo ajeno a su realidad.
La sospecha comenzó de manera fortuita. Al tocarse el pecho, Antonio sintió una anomalía. Al examinarse con más detalle, descubrió una protuberancia extraña, además de notar que su pezón se encontraba hundido y presentaba un color enrojecido. Tras compartir la situación con su esposa, el diagnóstico médico posterior confirmó sus peores temores.














