La cerveza es una de las bebidas de consumo más habituales, representando un negocio sumamente lucrativo tanto para las empresas productoras como para el gobierno a través de la recaudación de impuestos. Sin embargo, este flujo constante de recursos ha atraído la atención de organizaciones delictivas, transformando la distribución de este producto en una actividad controlada por la sombra del crimen organizado en diversas regiones del país.
El alcance de las redes delictivas en este sector va más allá de la venta informal. En estados como Sinaloa y otras entidades del país, los grupos criminales han monopolizado la distribución mediante extorsiones y el cobro de derecho de piso a los comerciantes locales. Actualmente, se reporta que al menos 14 grupos criminales operan activamente o buscan disputarse el control de este mercado en distintas zonas del territorio nacional.