El volcán de Colima se mantiene en un estado de baja actividad, pero esto no significa que los científicos le quiten la mirada de encima. Actualmente, se encuentra bajo un monitoreo permanente y riguroso con el objetivo de anticipar cualquier cambio en su comportamiento y detectar oportunamente cualquier señal de riesgo.
- Cámaras de observación visual para el registro constante de su estado.
- Equipos de registro térmico y datos satelitales para analizar los cambios de temperatura y el flujo de gases.
- Una red sísmica especializada capaz de detectar incluso movimientos de muy baja magnitud en el coloso.













