Mantener una comunicación constante entre padres e hijos puede convertirse en una herramienta importante para identificar situaciones de riesgo y evitar que niñas, niños y adolescentes sean captados o utilizados por grupos delictivos.
Existen factores de riesgo individuales, familiares, comunitarios y sociales que pueden aumentar la vulnerabilidad de los menores de edad. Entre ellos aparecen desde problemas escolares hasta condiciones de violencia y exclusión en su entorno.