El análisis de los microorganismos que habitan o entran en contacto con el cuerpo humano es clave para entender cómo se originan ciertas complicaciones de salud. Aunque la presencia de ciertos agentes no siempre es sinónimo de enfermedad, conocer sus diferencias y mecanismos de transmisión resulta fundamental para la prevención.
Aunque suelen mencionarse en contextos médicos similares, pertenecen a mundos biológicos distintos. La klebsiella es una bacteria que suele localizarse en el tracto gastrointestinal. Por su parte, la cándida es un hongo capaz de habitar en diversas zonas del cuerpo.
Especialistas en infectología pediátrica aclaran que la simple existencia de estos microorganismos en el organismo no implica que la persona desarrolle una infección. Sin embargo, el peligro de enfermar se incrementa de forma notable cuando el paciente presenta un sistema inmunológico comprometido, desnutrición o fallas en órganos vitales.