El consumo de bebidas alcohólicas en menores de edad es una realidad que suele comenzar de forma silenciosa. Detrás del primer trago no solo hay una simple conducta rebelde, sino una serie de factores emocionales y sociales que los padres de familia deben aprender a descifrar a tiempo.
El inicio del consumo no ocurre al azar. De acuerdo con Yonoé Gallegos, psicóloga y especialista en psicoterapia conductual, los jóvenes suelen acercarse al alcohol por curiosidad, por la influencia de sus amigos o por un fuerte deseo de pertenecer y ser aceptados en un grupo social.
Sin embargo, el alcohol también puede convertirse en una vía de escape emocional. La especialista alerta que muchos adolescentes recurren a estas bebidas para intentar disminuir la ansiedad, sentirse menos inhibidos ante los demás o simplemente evadir algún problema que los abruma.













