El uso constante de teléfonos móviles, redes sociales y videojuegos es una realidad cotidiana en la vida de los jóvenes. Sin embargo, pasar mucho tiempo frente a las pantallas no significa automáticamente que exista una adicción. El verdadero peligro aparece cuando se pierde el límite y la conducta empieza a afectar el día a día.
De acuerdo con la psicóloga Yonoé Gallegos, la principal señal de alerta es la pérdida de control: ese momento en el que el joven desea reducir o detener el uso del celular o los videojuegos, pero se descubre incapaz de lograrlo. La alerta roja se enciende cuando esta conducta persiste a pesar de que ya está generando consecuencias negativas en su entorno.
A veces, este comportamiento no se origina únicamente por la búsqueda de placer, sino como un mecanismo de escape para dejar de experimentar sensaciones incómodas o desagradables.