Hay momentos de nuestra infancia que podemos recordar con bastante claridad, mientras que otros parecen haberse borrado por completo. Esto ocurre porque durante los primeros años el cerebro todavía está desarrollando las capacidades necesarias para formar y conservar recuerdos duraderos.
Las emociones, la repetición de experiencias y el desarrollo del lenguaje pueden influir en qué momentos permanecen en nuestra memoria. Por eso, algunos recuerdos de los primeros años pueden quedarse durante mucho tiempo, mientras que otros simplemente no llegan a conservarse.
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