Después de pasar varios minutos en una alberca o bañera, es normal notar que las puntas de los dedos cambian de aspecto. Este curioso efecto tiene que ver con la forma en que responde nuestro cuerpo al estar en contacto con el agua durante un tiempo.
El sistema nervioso provoca que los vasos sanguíneos debajo de la piel se reduzcan ligeramente, haciendo que la superficie de los dedos forme pequeños pliegues. Es una respuesta natural del cuerpo que desaparece al salir del agua.
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