Liberar globos al cielo es una tradición que suele realizarse por distintas celebraciones. Sin embargo, lo que inicia como un acto simbólico termina convirtiéndose en un residuo que puede permanecer durante años en el medio ambiente.
Después de elevarse, los globos revientan o pierden altura y caen en bosques, ríos, playas o mares. Al llegar a estos lugares, tardan mucho tiempo en degradarse y pueden ser confundidos con alimento por aves, tortugas, peces y otros animales, lo que puede provocar lesiones, obstrucciones digestivas e incluso la muerte.
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¿Por qué liberar globos representa un riesgo para la naturaleza?
Además de convertirse en basura, las cintas y cordones que acompañan a los globos pueden enredarse en aves y otros animales silvestres, limitando su movilidad o impidiéndoles alimentarse correctamente.
En el caso de los globos metálicos, también existe el riesgo de que entren en contacto con líneas eléctricas, ocasionando cortocircuitos, interrupciones del suministro eléctrico e incluso incendios en determinadas condiciones.
Especialistas en conservación ambiental recomiendan optar por alternativas más sostenibles para celebrar o rendir homenaje o utilizar decoraciones reutilizables.
Aunque liberar globos suele asociarse con un momento emotivo, cada vez más organizaciones ambientales invitan a sustituir esta práctica por opciones que permitan expresar el mismo significado sin generar un impacto negativo en los ecosistemas.
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