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¿Tu hijo está cansado, irritable o no quiere volver a clases? Podría ser el síndrome postvacacional

Después de varias semanas de vacaciones, volver a los horarios, tareas y responsabilidades puede representar un cambio brusco para algunos niños.

Síndrome postvacacional en niños: por qué regresar a clases puede causar cansancio y estrés
|CRÉDITO: PEXELS/ RDNE Stock project

El regreso a clases no solo implica comprar útiles, preparar uniformes y ajustar horarios. Para algunos niños, volver a la rutina escolar después de varias semanas de vacaciones puede provocar cansancio, irritabilidad, falta de concentración o incluso estrés. A este conjunto de reacciones se le conoce popularmente como síndrome postvacacional.

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¿Cómo saber si un niño está pasando por el síndrome postvacacional?

Durante las vacaciones, es común que los menores modifiquen sus horarios de sueño, pasen más tiempo jugando, utilicen dispositivos electrónicos o tengan menos responsabilidades. El regreso a clases supone recuperar rutinas y horarios de manera prácticamente inmediata.

Entre las señales que pueden aparecer se encuentran dificultad para levantarse temprano, sueño durante el día, cambios de humor, irritabilidad, falta de concentración, cansancio y poca motivación para regresar a la escuela.

En algunos casos también pueden presentarse preocupaciones relacionadas con el nuevo ciclo escolar, como conocer nuevos compañeros, cambiar de maestro, enfrentar nuevas materias o cumplir con mayores responsabilidades académicas.

Para facilitar la transición, especialistas recomiendan recuperar gradualmente los horarios de sueño y alimentación antes del primer día de clases. También puede ayudar preparar con anticipación la mochila, el uniforme y los materiales escolares para reducir el estrés de las primeras mañanas.

Otro punto importante es escuchar a los niños. Si expresan miedo, preocupación o rechazo constante hacia la escuela, conviene hablar con ellos para conocer qué está provocando esa reacción, en lugar de minimizar lo que sienten.

En la mayoría de los casos, estas molestias pueden disminuir conforme el menor vuelve a adaptarse a la rutina. Sin embargo, si el cansancio, la ansiedad, los cambios de comportamiento o el rechazo a asistir a clases persisten, puede ser recomendable buscar orientación de un profesional para identificar si existe otro problema detrás.

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