Aunque a simple vista parezca limpia, la esponja con la que lavas los trastes diariamente puede convertirse en un foco de acumulación de microorganismos con el paso de los días.
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Esto se debe a que la humedad constante y los restos de comida tienden a quedarse atrapados entre sus fibras.
Para evitar la acumulación de bacterias y garantizar una higiene óptima en la cocina, los expertos recomiendan cambiar la esponja cada 15 días como máximo.
Asimismo, se aconseja reemplazarla de inmediato si comienza a desprender mal olor o si se observa visiblemente deteriorada.













