Entre los años 70 y 90, Andrei Chikatilo aterrorizó a la Unión Soviética engañando a niños y mujeres solas en estaciones ferroviarias. El asesino se ganaba su confianza con promesas de comida para llevarlos a zonas aisladas, desapareciendo sin dejar rastro tras cometer más de 50 crímenes.
Las fallas forenses que permitieron su impunidad
Durante años, las autoridades cometieron graves errores de investigación e incluso condenaron a inocentes mientras el verdadero criminal seguía libre. No fue sino hasta 1990 cuando un operativo de vigilancia en el bosque permitió capturarlo. Tras confesar sus atrocidades, fue ejecutado en 1994, dejando un caso que hoy sigue bajo el análisis de criminólogos.