México está viviendo un cambio en la manera en que las personas forman sus familias. Cada vez es más común escuchar que alguien prefiere tener un perro o un gato antes que convertirse en mamá o papá, una tendencia que incluso ha popularizado términos como “perrijos” o “lomitos”.
Pero detrás de esta conversación existe un cambio demográfico que sí está documentado: en México cada vez nacen menos niños. De acuerdo con el INEGI, la tasa global de fecundidad pasó de 2.21 hijos por mujer en 2014 a 2.07 en 2018 y 1.60 en 2023.
¿Por qué los mexicanos tienen menos hijos y más mascotas?
No existe una sola explicación. El descenso de la fecundidad está relacionado con diferentes factores sociales, económicos y personales, entre ellos el retraso de la maternidad, cambios en las relaciones de pareja, mayor participación de las mujeres en la educación y el trabajo y una mayor disponibilidad de métodos anticonceptivos.
También ha cambiado el tamaño de los hogares. En 2023, el promedio era de 3.3 personas por hogar, mientras que los hogares formados por una sola persona aumentaron de 11.7% en 2018 a 14% en 2023, según datos retomados por CONAPO a partir de la ENADID.
En este contexto, una mascota puede convertirse para algunas personas en una compañía importante y en parte de su dinámica familiar. Los perros y gatos requieren cuidados, tiempo y gastos, pero no implican las mismas responsabilidades económicas, legales y de largo plazo que criar a un hijo.
Además, para algunas personas tener una mascota puede resultar compatible con proyectos de vida que priorizan la independencia, los viajes, la carrera profesional o una mayor flexibilidad en sus gastos.
La reducción de la fecundidad también se observa entre las generaciones más jóvenes. Por ejemplo, la tasa de fecundidad de mujeres de 15 a 19 años pasó de 70.6 nacimientos por cada mil mujeres en 2018 a 45.2 en 2023, de acuerdo con el INEGI.
Esto no significa que los mexicanos estén dejando de formar familias para tener perros o gatos. Lo que muestran los datos es un cambio en las decisiones reproductivas y en la composición de los hogares, mientras que el papel de las mascotas dentro de la vida cotidiana se ha vuelto más visible.
Así, los llamados “perrijos” forman parte de una transformación más amplia: para algunas personas, la idea de familia ya no necesariamente gira alrededor de tener hijos, sino que puede incluir parejas, mascotas, amistades o incluso vivir de manera independiente.
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