Una posible explicación es que los sonidos constantes pueden disminuir la percepción de ruidos repentinos. En lugar de permanecer atentos a cada pequeño sonido de la casa o del exterior, el cerebro recibe un estímulo uniforme que puede facilitar la relajación.
Además, ciertas personas desarrollan asociaciones entre determinados sonidos y la hora de dormir. Si alguien acostumbra descansar con el ventilador encendido durante años, por ejemplo, ese sonido puede convertirse en parte de su rutina nocturna y funcionar como una señal que prepara al cerebro para dormir.
Sin embargo, no todos los sonidos tienen el mismo efecto. Un ruido demasiado intenso, irregular o repentino puede interrumpir el descanso. Por ello, quienes prefieren dormir con sonido suelen optar por estímulos suaves y constantes, como ruido blanco, lluvia o el sonido de un ventilador.