Guardar los alimentos en el refrigerador ayuda a conservarlos durante más tiempo, pero también puede provocar cambios que se notan al momento de comerlos. Las bajas temperaturas pueden alterar la textura de algunos productos y reducir temporalmente la intensidad de ciertos aromas, lo que modifica la manera en que percibimos su sabor.
También puede ocurrir que un alimento absorba los olores de otros productos que se encuentran dentro del refrigerador. Comidas con aromas intensos, recipientes mal cerrados o productos almacenados durante varios días pueden hacer que otros alimentos adquieran un olor o sabor diferente al original.
En algunos casos, el frío incluso modifica la estructura de los alimentos. Frutas, verduras, panes y preparaciones con determinados ingredientes pueden perder humedad, resecarse o cambiar de consistencia. Para reducir estos efectos, es recomendable utilizar recipientes herméticos, separar los alimentos con olores fuertes y mantener el refrigerador a una temperatura adecuada.