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Prohibieron su peinado y desataron la guerra: El moño tradicional por el que los HOMBRES de Corea se levantaron en armas

A finales del siglo XIX, una ley impuesta en Corea exigía a los hombres cortarse el cabello. Lo que parecía un cambio de imagen provocó una sangrienta rebelión armada, asesinatos políticos y una crisis nacional en la península.

Un simple corte de cabello puede cambiar el rumbo de una nación. Durante siglos, la sociedad coreana bajo la dinastía Joseon se rigió por el confucianismo, doctrina que establecía que el cuerpo y el pelo eran legados sagrados de los padres y cortarlos constituía una grave falta de respeto.

Bajo esta filosofía nació el Sangtu, un moño alto que usaban los hombres casados y que simbolizaba madurez, honor y estatus de adultez.

¿Por qué el Sangtu era sagrado para los hombres en Corea?

Llevar el Sangtu no era una cuestión de moda, sino de dignidad. Un hombre soltero debía llevar el cabello trenzado y era tratado socialmente como un niño sin importar su edad. Para armar este peinado, se sujetaba la melena con una banda de crin de caballo llamada manggeon antes de colocar el sombrero tradicional (gat).

Deshacer o cortar el moño a la fuerza significaba una humillación pública equiparable a la pérdida del honor personal.

1895: La ley de corte de cabello que desató la guerra

El 30 de diciembre de 1895, el gobierno pro-japonés promulgó la Orden de Cabello Corto (Danbalryeong) para “occidentalizar” el país. Como medida drástica, obligaron al propio rey Gojong a cortarse el peinado y desplegaron policías con tijeras en las calles para interceptar a los ciudadanos y trasquilar su Sangtu a la fuerza.

La respuesta popular fue inmediata y violenta:

  • Insurrección armada: Se formaron los “Ejércitos Justos” (Uibyeong), guerrillas compuestas por campesinos y eruditos que se levantaron en armas contra las fuerzas de ocupación.
  • Lincheck de funcionarios: La población enfurecida ejecutó a los ministros que respaldaron la medida.
  • Parálisis económica: Los comerciantes se negaron a entrar a las ciudades para evitar que les cortaran el pelo, desatando un desabasto generalizado.

Frases históricas como “Pueden cortarme la cabeza, pero el cabello jamás”, del erudito Choi Ik-hyeon, resumieron la resistencia. Ante la ingobernabilidad y el riesgo de perder el trono, la orden fue revocada, dejando al Sangtu como un símbolo histórico de soberanía y resistencia cultural.

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