Ante un terremoto, contar con alimentos almacenados puede hacer la diferencia durante las primeras horas o días posteriores al movimiento. Los daños en calles, comercios o servicios básicos pueden dificultar la compra de productos, por lo que es recomendable tener una pequeña reserva en casa.
Entre los productos más útiles se encuentran aquellos que pueden consumirse sin necesidad de refrigeración o cocción, como atún y otros alimentos enlatados, barras de cereal, galletas, frutos secos, semillas, crema de cacahuate y alimentos deshidratados. También es importante revisar periódicamente las fechas de caducidad.
El agua debe ocupar un lugar prioritario dentro de cualquier preparación. Además de alimentos, conviene disponer de suficiente agua potable para beber y cubrir las necesidades básicas de cada integrante de la familia durante una emergencia.
La reserva debe mantenerse en un sitio accesible, seco y protegido de posibles daños. También es recomendable contar con un abrelatas manual y evitar almacenar únicamente productos que requieran electricidad, gas o refrigeración para poder consumirlos.