Una tarjeta que ya no se utiliza puede permanecer activa si el titular no solicita formalmente su cancelación. Por ello, antes de simplemente guardarla, es conveniente revisar si existen anualidades, comisiones, seguros u otros servicios asociados que puedan generar cargos.
Además, cancelar una tarjeta no significa que desaparezca una deuda pendiente. Si existe un saldo por pagar, este deberá liquidarse conforme a las condiciones establecidas por la institución financiera. También es recomendable conservar comprobantes y verificar posteriormente que la cuenta haya quedado efectivamente cerrada.
Por otro lado, mantener una tarjeta sin utilizar puede tener efectos distintos dependiendo del historial y del comportamiento financiero de cada persona. Antes de cancelarla, conviene revisar si forma parte de la antigüedad del historial crediticio y confirmar con el banco las consecuencias de cerrar esa línea de crédito.