El hábito de algunos perros de comerse sus propias heces, conocido científicamente como coprofagia, es un comportamiento relativamente común, especialmente durante la etapa de cachorros.
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Aunque suele resultar extraño para los dueños, esta conducta puede tener un origen tanto conductual como médico.
El principal riesgo de la coprofagia es que expone al canino a parásitos y otros microorganismos dañinos, una situación que se agrava si las heces consumidas pertenecen a otro animal.
Los expertos recomiendan que, si el perro realiza esta práctica con frecuencia o manifiesta otros síntomas adicionales, se consulte de inmediato a un veterinario.













