La Antigua Basílica de Guadalupe, ubicada en la Ciudad de México, permanece en pie junto al moderno santuario que recibe a millones de peregrinos cada año. Sin embargo, su característica inclinación es resultado de los problemas estructurales ocasionados por el hundimiento irregular del suelo, compuesto por antiguos lechos lacustres. A esto se suman los daños que sufrió en 1921, cuando una bomba destruyó gran parte del inmueble. Ante el riesgo de colapso, la Iglesia y el gobierno acordaron construir un nuevo recinto para resguardar a los fieles y la imagen de la Virgen de Guadalupe.
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¿Qué ocurrió con el antiguo templo cuando la imagen de la Virgen fue trasladada a la nueva Basílica?
En octubre de 1976, la tilma de la Virgen de Guadalupe fue llevada al santuario moderno, diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, y las puertas del edificio original se cerraron al público. A partir de entonces, especialistas en geotecnia e ingeniería comenzaron una compleja labor de restauración que incluyó la instalación de pilotes de control para estabilizar los cimientos, además del reforzamiento de arcos y columnas y la sustitución de cantera dañada, bajo la supervisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
¿La antigua Basílica puede visitarse actualmente y cuál es su función?
Después de 24 años de restauración, el inmueble reabrió sus puertas en el año 2000, pero dejó de funcionar como santuario principal y recibió el nombre de Templo Expiatorio a Cristo Rey. Actualmente, el recinto alberga una exposición permanente del Santísimo Sacramento, por lo que conserva su importancia religiosa e histórica, además de representar un ejemplo de los trabajos de ingeniería realizados para preservar este patrimonio arquitectónico del siglo XVIII.
Con información Yael Rodríguez.
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