Después de un terremoto, una de las primeras cosas que pueden llamar la atención son las grietas que aparecen en paredes, techos o pisos. Aunque algunas son únicamente superficiales, otras podrían estar relacionadas con daños más importantes en la estructura del inmueble.
Por ello, no es recomendable cubrirlas inmediatamente con pintura, yeso o algún otro material. Antes de reparar la zona, conviene observar su ubicación, tamaño y dirección, además de tomar fotografías que permitan comparar su evolución con el paso de las horas o los días.
Especial atención requieren las grietas diagonales o aquellas que atraviesan elementos estructurales, así como daños visibles en columnas, trabes, muros o pisos. También deben considerarse señales como puertas o ventanas que repentinamente dejan de cerrar correctamente o partes del inmueble que parecen desplazadas.
Si existen daños importantes o dudas sobre la seguridad de la construcción, lo más prudente es alejarse de las zonas afectadas y solicitar una evaluación de personal especializado o de las autoridades correspondientes. No se debe regresar a un inmueble que presenta daños estructurales hasta contar con una valoración que determine si es seguro.