En el Centro Histórico de Guadalajara existe un punto que muchos reconocen de inmediato: los Dos Templos, formados por el Templo de San Francisco de Asís y el Templo de Nuestra Señora de Aranzazú.
Ambos recintos religiosos, construidos entre los siglos XVII y XVIII, se encuentran frente a frente sobre la avenida 16 de Septiembre (Paseo Alcalde) y forman parte de uno de los espacios históricos más emblemáticos de la ciudad.
Más allá de su valor arquitectónico, este punto se convirtió con el paso del tiempo en un referente para la movilidad tapatía. Decenas de rutas del transporte público pasan por la zona, además de que conecta con áreas comerciales, hoteles y calles clave del Centro.
Lo que en su origen fue parte de un gran convento franciscano terminó transformándose en la plaza que hoy identifica este cruce urbano.
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¿Cuál es la historia del templo de Aránzazu?
El templo de Nuestra Señora de Aránzazu, ubicado en la acera poniente de la avenida 16 de Septiembre y Miguel Blanco, fue construido entre 1749 y 1752 por el fraile Pedro Íñigo Vallejo con apoyo de la familia Basauri, de acuerdo con información del ayuntamiento tapatío.
Destaca por ser el único templo del siglo XVIII en Guadalajara que conserva sus tres retablos churriguerescos originales, elaborados en madera tallada y dorada.
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¿Cuál es la historia del templo de San Francisco?
El Templo de San Francisco de Asís es más antiguo. Su construcción actual inició en 1668 y concluyó en 1692, bajo el estilo barroco novohispano. El recinto forma parte de un antiguo complejo franciscano que se estableció en la ciudad desde 1542, cuando Guadalajara se asentó definitivamente en el Valle de Atemajac.
El convento llegó a extenderse hasta el antiguo río San Juan de Dios y fue uno de los más importantes de la Nueva España. Hoy, el templo es considerado monumento histórico protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
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