Esa pequeña cicatriz circular en tu hombro es mucho más que un recuerdo de la infancia; es un símbolo de salud pública global. Aunque existe la creencia popular de que se trata de la vacuna contra el sarampión o la viruela, la verdadera responsable es la vacuna BCG.
Diseñada para proteger contra la tuberculosis, la BCG (Bacilo de Calmette-Guérin) utiliza una variante atenuada de la bacteria. A diferencia de otras inyecciones, esta provoca una reacción cutánea natural que forma una pequeña pápula y, posteriormente, una costra que deja esa marca permanente.
Es un “tatuaje” de inmunidad que compartimos millones de personas en todo el mundo. Así que, la próxima vez que la veas, recuerda que no es un error de aplicación, sino la señal de que tu cuerpo aprendió a defenderse.
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