En 1953, una fotografía capturó a El Santo y Blue Demon en un gesto de sorpresa único: ambos con los brazos extendidos pidiendo una tregua momentánea. Esta imagen “accidental” se volvió legendaria y sirvió como molde exacto para las icónicas figuras de acción de plástico (monitos de lucha) que inundaron los mercados.
Aquellos juguetes de rebaba y colores vibrantes marcaron la infancia de generaciones, transformando un instante de sorpresa en el ring en un símbolo eterno de la cultura popular mexicana que aún vive en nuestra memoria.
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