La gasolina sí se expande con el calor y se contrae con el frío, pero en la práctica la diferencia es mínima. Además, en las estaciones de servicio el combustible se almacena en tanques subterráneos, donde la temperatura se mantiene bastante estable durante el día y la noche.
Por eso, cargar gasolina en la noche no significa que recibas una cantidad mayor de forma significativa.
En teoría, cuando está más fría puede ser ligeramente más densa, pero esa variación es tan pequeña que no representa un ahorro real.
Lo que realmente influye en el rendimiento del combustible es el manejo del vehículo, el mantenimiento (como la presión de las llantas y el estado del motor) y evitar aceleraciones bruscas.