Durante años su mundo estuvo limitado al hogar, al trabajo artesanal y al silencio de no saber leer. “Yo desde niña me gustaba estudiar, pero nunca mis papás me llevaron a la a la escuela porque según no iba a hacer nada. Hoy ese silencio se rompe porque mis hijas me dieron el valor a a estudiar”.
¿Cuándo aprendió a leer y escribir? “Este, ya a los 35 años casi. A los 35 años. Hoy ya tengo 40 y ya he terminado mi secundaria y le sigo todavía en prepa”.
Yolanda con seis hijas y tres nietos es el ejemplo de que nunca es tarde para aprender. “La verdad me siento muy feliz y orgullosa de ella porque a pesar de todas las adversidades, a pesar de todo lo que hemos pasado, este ya está pensando en salir adelante, en luchar por sus sueños porque nunca es tarde para seguir con nuestros sueños y entonces muy orgullosa”.
Yolanda junto con más de 70 mujeres wixárikas dedicadas a las artesanías se graduaron, algunas de primaria, otras de secundaria.
Cada clase implica esfuerzo. Algunas llegan con sus hijos en brazos, otras después de una jornada de trabajo.
“Es un orgullo muy grande que la propia comunidad sea el motor de ello, ¿no? Y que todas estas mujeres sean la inspiración para su propia familia”.
Más de 1,600 mujeres han sido beneficiarias en este programa de la Fundación Unidas por un Sueño e impulsa la educación y fortalece sus habilidades como arte.
“Te sanas. Yo los invito a todas mis compañeras, nunca digan que no porque todo se puede. Ellas siguen sus tradiciones, entre hilos y pequeñas cuentas de colores de cristal o de plástico, de ello depende su economía, pero hoy esas mujeres wixárikas están tejiendo algo más que artesanías”.
Están reconstruyendo su historia porque hay algo que no se mide, la dignidad de poder leer y escribir sobre todo de decidir.
Video con información de Becky Reynoso
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