En el corazón del Barrio del Santuario, ocurrió un presunto exorcismo. Se dice que una joven comenzó a manifestar signos que la medicina no pudo descifrar: fuerza sobrehumana y un rechazo violento a lo sagrado. Tras meses de incertidumbre, el caso llegó a manos de clérigos que, ante lo inexplicable, autorizaron un ritual extremo.
El exorcismo, realizado bajo un hermetismo absoluto, sacudió los cimientos de la parroquia. Aunque los testigos afirman que la paz volvió a la joven, el desenlace quedó envuelto en sombras; algunos dicen que ella nunca volvió a ser la misma. Hoy, la historia persiste como un susurro en las calles tapatías, recordándonos que hay puertas que, una vez abiertas, dejan preguntas sin respuesta.
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