El país atraviesa una de las encrucijadas más complejas de su historia, marcada por la estrategia de “abrazos y no balazos” impulsada por la 4T.
Por un lado, la violencia y el poder creciente del crimen organizado; por el otro, un gobierno señalado por concentrar el poder y debilitar los contrapesos institucionales, con un Poder Judicial bajo presión.
Ahora, con una nueva reforma electoral, buscan transformar al INE como lo conocemos y reconfigurar las reglas de la competencia política. A esto se suma la intención de regular el contenido en redes sociales, lo que ha desatado alertas sobre posibles límites a la libertad de expresión.
En la presentación de la iniciativa, el oficialismo defendió los cambios como necesarios; sus críticos, en cambio, advierten que podrían alterar el equilibrio democrático del país.