El 3 de junio de 1932, México vivió su mayor catástrofe sísmica del siglo XX. Un terremoto de magnitud 8.2 sacudió las costas de Jalisco y Colima, dejando un saldo de 400 muertos y la destrucción total de la capital colimense. Según los Registros del Servicio Sismológico Nacional (SSN), este evento marcó un antes y un después en la historia geológica del país.
Tras el impacto inicial, la tragedia no cesó. El 18 de junio, un nuevo movimiento afectó a Guadalajara y Colima. Sin embargo, el episodio más crudo ocurrió el 22 de junio: un sismo de 6.9 activó un tsunami con olas de 10 metros. El fenómeno arrasó con 25 kilómetros de litoral y provocó la muerte de 75 personas en Cuyutlán.
Este complejo episodio sísmico de 1932 permanece como el más potente documentado en territorio mexicano durante la centuria pasada. La combinación de potentes ondas telúricas y el embate del mar subrayan la vulnerabilidad de la costa del Pacífico y la importancia de la memoria histórica en la prevención de desastres actuales.
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