Para las familias que buscan a una persona desaparecida, una muestra de ADN puede convertirse en una herramienta fundamental para obtener respuestas.
El Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) recibe muestras de familiares que posteriormente son procesadas por el laboratorio de genética para obtener un perfil genético. Esta información se compara con los perfiles de personas fallecidas que permanecen bajo resguardo de la institución con el objetivo de detectar posibles coincidencias que permitan avanzar en una identificación.
Sin embargo, el ADN no es el único elemento utilizado durante este proceso. El personal forense también recopila información sobre características individualizantes de la persona desaparecida, como tatuajes, cicatrices, señas particulares y otros rasgos físicos que puedan ayudar a complementar la comparación. La combinación de estos datos puede resultar determinante al momento de confirmar una identidad.
Para una familia, obtener una coincidencia significa terminar con una incertidumbre que en algunos casos puede prolongarse durante meses o incluso años. Aunque la confirmación implica enfrentar una noticia dolorosa, también representa la posibilidad de concluir la búsqueda, recuperar a su ser querido y ejercer el derecho a despedirse.
Con información de Fernando Roldán
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