Un experimento científico acaba de derribar uno de los mayores mitos sobre la fragilidad del internet cuántico. Un equipo de investigadores del National Institute of Standards and Technology (NIST), liderado por Thomas Gerrits, logró distribuir fotones entrelazados a lo largo de 62 kilómetros utilizando fibra óptica convencional. Lo relevante del hito radica en que el tendido no estaba aislado en un entorno protegido, sino suspendido en postes urbanos entre las instalaciones del NIST y la Universidad de Maryland, totalmente expuesto al viento, variaciones térmicas y perturbaciones mecánicas.
Resistencia en condiciones del mundo real
La importancia del logro, publicado en el Journal of Optical Communications and Networking, no reside en la distancia recorrida sino en la capacidad de la información cuántica para sobrevivir al ruido ambiental. Codificada en la polarización de la luz, la señal mantuvo su comportamiento pese a las constantes alteraciones físicas del cableado.
Este avance demuestra que la futura red cuántica mundial no requerirá necesariamente de infraestructuras multimillonarias desde cero, sino que podrá aprovechar el tendido de telecomunicaciones que ya recorre las ciudades.