¿Sabías que el picante de los chiles podría tener aplicaciones médicas en el futuro?
Aunque algunos estudios científicos han analizado los efectos de la capsaicina sobre células relacionadas con distintos tipos de cáncer, los especialistas aclaran que comer chile no es un tratamiento ni una forma comprobada de combatir esta enfermedad.
Lo que sí ha despertado interés entre investigadores es el potencial de este compuesto natural para el desarrollo de nuevas terapias.
¿Qué es la capsaicina y por qué pica el chile?
La capsaicina es una sustancia presente en distintos tipos de chile y es la responsable de la sensación de ardor que producen variedades como el habanero, jalapeño, tabasco o manzano.
Este compuesto se concentra principalmente en las membranas internas del fruto y, además de darle el característico picor, también se utiliza en algunos medicamentos y cremas para aliviar ciertos tipos de dolor debido a su efecto sobre las terminaciones nerviosas.
¿Por qué la ciencia estudia la capsaicina contra el cáncer?
De acuerdo con información de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la capsaicina forma parte de los llamados metabolitos secundarios, compuestos que producen las plantas para adaptarse y defenderse de su entorno.
En investigaciones de laboratorio, científicos han observado que este compuesto puede interactuar con diferentes mecanismos involucrados en el crecimiento y desarrollo de células tumorales, lo que ha llevado a explorar su posible uso en futuras terapias contra diversos tipos de cáncer.
Sin embargo, estos resultados corresponden principalmente a estudios experimentales y todavía no representan un tratamiento disponible para pacientes.
¿Comer chile ayuda a prevenir o curar el cáncer?
Hasta el momento, no existe evidencia científica que demuestre que consumir chile pueda prevenir, combatir o curar el cáncer.
Los especialistas señalan que la investigación se enfoca en aislar la capsaicina y comprender cómo podría aprovecharse en el desarrollo de medicamentos, un proceso que aún requiere numerosos estudios antes de confirmar su eficacia y seguridad en personas.
Por ello, aunque el chile forma parte de la alimentación de millones de personas, su consumo no debe considerarse una alternativa a los tratamientos médicos convencionales.
Con información de Dara Vargas
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