Un arcoíris es un efecto óptico que aparece cuando la luz del sol atraviesa gotas de agua suspendidas en el aire, como después de una lluvia. Aunque parece mágico, tiene una explicación científica muy interesante.
El proceso inicia cuando la luz blanca del sol entra en una gota de agua y se refracta, es decir, cambia de dirección y velocidad al pasar del aire al agua.
Dentro de la gota, la luz se refleja en el interior, y luego sale al exterior, donde vuelve a refractarse. Durante este recorrido, la luz se dispersa en diferentes colores porque cada longitud de onda se desvía en un ángulo distinto. Así, se forman los colores característicos del arcoíris: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta.
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¿Cuáles son las condiciones necesarias para ver un arcoíris?
- Lluvia ligera o gotas de agua en el aire.
- El sol debe estar bajo en el horizonte, generalmente por la mañana o al atardecer.
- El observador debe situarse entre el sol y la lluvia, dando la espalda al sol.
- No es un objeto físico, por eso no se puede “tocar” ni encontrar el final del arcoíris.
- Cada persona ve su propio arcoíris, ya que depende de la posición de sus ojos respecto al sol y las gotas.
- A veces, es posible ver “arcoíris dobles”, donde el segundo arco es más tenue y con los colores invertidos.