La arquitectura en la Antártida ha dejado atrás las antiguas y precarias cabañas de madera para dar paso a laboratorios de alta tecnología que parecen sacados de una colonia en Marte. Estas bases de aspecto aeroespacial no responden a un capricho estético, sino a una estricta necesidad de supervivencia biológica y estructural.
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¿Cómo logran los edificios de la Antártida resistir el clima extremo?
Diseñar para el rincón más frío, ventoso y aislado de la Tierra exige soluciones de ingeniería radicalmente innovadoras. Las nuevas estaciones científicas utilizan sistemas de elevación hidráulica montados sobre pilotes mecánicos, lo que permite elevar la estructura completa para evitar que quede sepultada por la acumulación constante de nieve y hielo.
Además, sus formas aerodinámicas y curvas están fríamente calculadas para canalizar las brutales ráfagas de viento que superan los 250 kilómetros por hora, utilizándolo a su favor para limpiar la superficie inferior. Construidos con paneles de aislamiento térmico de grado militar y sistemas autosuficientes de reciclaje de agua y energía, estos complejos futuristas garantizan la seguridad de los científicos que realizan investigaciones cruciales para entender el cambio climático global.
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